Episodio 116

Lorena Dellepiane

Colombia

Ubicación

Ana: Antropóloga peruana. Estudió en la Pucp del 2010 al 2017. Escribió su tesis de licenciatura sobre lo que es ser una familia adoptiva en Lima. Ha trabajado con diferentes clientes en diferentes temas y lo que le encanta es darle orden a la data para encontrar información valiosa. Siempre le gustó trabajar cerca de la ciudadanía, así que hace poco terminó su maestría en políticas públicas. Durante la pandemia el enfoque de su vida cambió y aprendió a ir un día a la vez, actualmente es gerente de proyectos de una investigadora donde realice evaluación de políticas públicas. Hoy hablamos con Lorena.

Ana: Hola, Lorena. Bienvenida a Granadilla Podcast, ¿cómo estás? 

Lorena: Bien, gracias, muchas gracias por tenerme acá, súper emocionante también. 

Ana: Muchas gracias a María Cecilia que nos pasó el contacto que ya es parte de la red de Granadilla. Y bueno, me gustaría comenzar un poco hablando acerca de tu investigación por el tema de la familia adoptiva, porque es un tema que siempre se hablan, que siempre sale hoy. Y algunas familias parejas quieren adoptar y no conocen mucho el proceso, y ver más que todo de parte de qué conlleva ser una familia adoptiva. Cuéntanos un poquito, por favor. 

Lorena: Bueno, a ver, te cuento cuando yo estaba en la universidad, había un fondo de investigación. Era un concurso, pues incitaban un poco invitadas a los estudiantes a buscar temas, que a uno le interese y en ese momento, bueno, como siempre, pero en ese momento me acuerdo de que era algo medio nuevo, digamos o un debate que para mí se sintió nuevo y era si las parejas homosexuales podían adoptar a un niño, si este debate por ahí en el 2014, 2015. Y en mi cabeza, pues yo decía, no, o sea, lo hay un montón de niños en el estado un montón de niños que están en albergues que están en situación de abandono, pero hay pocas familias, entonces empecé haciendo una investigación entendiendo por qué las parejas o las personas peruanas no querían adoptar niños, me pondré contra una pared de hecho, no sé si lo sabes, pero en Perú todos los años hay una lista de espera de familias que quieren adoptar porque en verdad no hay niños, o sea, hay muchos niños que viven en albergue, pero no hay muchos niños disponibles para adoptarse y con eso me fui a hacer mi tesis. Y dije bueno: ok entonces como ya sé que hay familias que están esperando y pues ya sé que hay niños que están en estado de abandono, quiero conocer. Yo soy antropóloga. Entonces tenía que hacer etnografía y dije voy a ir a vivir con familias adoptivas en Lima y pues trabajé con cinco familias, superamorosas de diferentes composiciones y pues que encontré en mi tesis encontré en verdad que no hay diferencias entre esa fácil para muchas personas decir no sientan la diferencia no era lo por eso que no existen diferencias entre una familia adoptiva y una familia, digamos, no adoptiva porque además tenía familias que tenían hijos tanto adoptivos, como no adoptivos en donde recaído un poco la diferencia en esta familia sobre las situaciones diferentes en la sociedad, o sea, cuando un niño entraba al colegio y empezaba a escuchar: “Ah, es que lo adoptaron, ah, este seguro te recogieron, es que tú no sé qué”. Ahí es donde comenzaba como todo el meollo, digamos, del asunto o de lo negativo en torno a las familias adoptivas, que era, digamos, la roca más fuerte del camino de nuestra familia, pero en el núcleo familiar las cosas muy diferentes. Entonces, yo creo que con mi tesis lo que logramos probar es que, pues, todavía existen muchos estigmas en la sociedad en torno a lo que es ser una familia adoptiva y que además sabemos que en Perú la mayoría de familias son bueno, parentales o reconpuestas o de muchas otras maneras, entonces, cómo empezamos a repensar este concepto de familia, que creo que fue algo que fue muy bonito que logré hacer en mi tesis y que sumó la antropología también es del lado del parentesco, pero también dando como cierta luz y cierta reivindicación a estas familias, pues que en el día viven, o sea, valientes y luchadoras, pero también bien atacadas, digamos por esa sociedad que todavía no entiende, pues que la sangre no es más fuerte que cualquier cosa no al final, pues, uno cría y uno ama y eso es la vida, es así la familia a veces uno lo elige y a veces te llega, y pues así toca entonces cómo hacer una familia o tía, pues yo creo que no es diferente hacer una familia, digamos biológica, pero tienen sus dificultades en torno a qué tan fuerte está uno. Pues para aceptar o para abordar, digamos esta sociedad que a uno no entiende que se llama de diferentes formas y que, pues, la familia se puede comprender de diferentes formas, no creo que eso es un poco lo que puede encontrar.

Ana: Muy interesante y creo que como sociedad todavía tenemos bastante que avanzar respecto a lo que no es lo tradicional, no, lo que no es lo tradicional porque normal o no, no es lo que no es tradicional. Todavía nos toca un poquito abrazar esas diferencias, pero poco a poco vamos cuando la hice en el 2016, a hoy creo que seguimos rompiendo. O sea, muchas paredes, muchas barreras, creo que cada vez se va abriendo más el espectro, a eso no a entender, pues, que está bien o sea, no está mal exacto, muy cierto eso. Y bueno, Lorena ya lleva dos años en Colombia y algo que hemos visto muchos episodios es que a pesar de que pronto estamos todos en la región de Sudamérica, somos países vecinos, hay diferencias y la gente cree que no, pero las hay entonces, ahora nos va a contar Lorena un poquito qué diferencias y similitudes de pronto por ahí ha encontrado con la cultura peruana y la colombiana. 

Lorena: Bueno, ahí hago la precisión porque yo vivo en Bogotá y sí, dentro de Colombia, cada región igual que en Perú, pero en Colombia, pues, en cada región creo que está supermarcado, o sea los bogotanos, los de Medellín, de la costa, los de Cali, Barranquilla, o sea, cada cultura digamos o cada ciudad tiene su forma de ejercer y se siente mucho en Bogotá. En Bogotá se habla como de los costeros y yo limeña y yo digo yo también soy costera. Pero vivo en Bogotá, que es este mucho más andina, no sé por qué está en el centro de Bogotá, está entre Colombia, pronto entre los cerros, pero entonces que siento de Bogotá diferente con lima, eso creo que sí, yo como limeña costera está del costado del mar, el sol. El verano acá, pues en Bogotá el clima es muy diferente, es frío. Llueve este te mojas, pero la ciudad es tan verde, o sea, a diferencia de Lima, esta ciudad es verde, verde por todos lados, ves árboles y tienes los perros un costado y a veces me quedo mirando el cielo, digo wow, qué linda ciudad hermosa, que sí es diferente para mí y creo que las personas que están escuchando lo pueden este secundar. La comida extraño muchísimo, siento que como comer en Perú no hay, no sé cómo, pero como Perú no se come. En Colombia qué otra cosa siento como discriminar, siento que somos los dos países como muy familiares. Respetamos mucho a nuestra familia como somos. Muy de dominguero, pero la diferencia es que es cierto que en Lima somos nosotros dominguero, pero también trae al vecino, trae el amigo otra vez, no sé, alguien se quedó sin almorzar a la casa a comer con nosotros, no hay problemas cae no ese tipo de sociedad superabierta en Bogotá no están así. Sí, es superfamiliar, pero es más como familiar, más nuclear, más chiquita. O sea, su forma de ser, eso sí que otra diferencia encuentra Bogotá a las 8 de la noche, todo está apagado porque la gente se levanta a las 5 de la mañana. Yo cuando recién llegué yo iba a trabajar, entraban nueve de la mañana y luego salía de la oficina a las 7, a entrenar y llegar a mi casa medianoche, 11:30, 12, tal vez normal un día cualquiera o si te ibas a cenar con tus amigos darles a las 8:30 de la noche y pues normal y llegas. Ya acá no, acá todo el mundo, yo tenía mis clases de la maestría a las seis y media de la mañana, verdad. Y era normal cuando era algo atípico, porque es que la gente se levanta muy temprano, entonces la ciudad se apaga a las 8 de la noche apagado. “Me pica los pies, ¿a dónde voy?, ¿qué hago? No me acuerdo una vez que le dije a mis amigos como vamos al cine ya así y yo dije “Bueno, ocho y media. No creo que tarde Lorena porque quieres ir tan tarde. Vamos a las 5:30 de la tarde”. Creo que eso sí es una diferencia que al inicio como que te golpea, pero ahora yo soy la que se levanta a las 5 de la mañana estoy en el gimnasio, a las 6 y a las nueve de la noche ya estoy en el sobre así. Me muero del sueño porque creo que cuando uno se muda, pues eso pasa no me empiezas a agarrar los ritmos también de la ciudad en la que estás viviendo y pues no te queda de otra, o sea, no hay de otra entonces, y lo otro, pues dice que en Perú o por lo menos en Lima no, pero más creo que más. Espero que el email general como que estamos bien religiosos, pero acá en Colombia son súper súper religiosos y de hecho algo que es bien diferente, acá es que hay 24 entre 22 y 24, no tengo un número de la cabeza, de festivo o sea de feriados y todos los feriados caen lunes. Han hecho una ley para que si cada entre el martes y viernes se corre al lunes que sigue para que puedas tener todo el fin de semana, digamos largos, a excepción de la Independencia, que la independencia es el juez que viene y es cada jueves. O sea, eso sí, no se mueve la fecha de independencia, es el día que cae, pero todo el resto de testigos, de los cuales como la mitad son religiosos, se mueven. Y hay mucho fervor en torno a esos testigos. O sea, sí, siento eso que Semana Santa tiene como que todas su espiritualidad alrededor los sentidos religiosos también en no sé en Lima por mi círculo social o por conquistando lo sentía tan fuerte a casi se siente, pues, está como es de respeto a la religión que también parece súper interesante y bonito, pues vivir acá no a pesar de que yo no soy una persona que practica la religión, pero respeto mucho la fe ajena, entonces me parece muy bonito como la ciudad se une en torno también como que estos espacios religiosos que generan esta comunidad entonces creo que eso como todo lo que se me viene a la mente ahorita de diferentes similitudes entre Perú y Colombia por lo menos yo viviendo desde Bogotá como lo veo.

Ana: Interesante, buenísimo. Creo que ha sido muy interesante de escuchar esas diferencias y no y yo sí había escuchado antes que los colombianos se levantan muy temprano y una clase seis y media de la mañana disculpen yo a esa ahora todavía estoy durmiendo, o sea, inténtenlo más tarde. Yo suena muy… yo escribí en mi primer ciclo mi primera clase del doctorado. Ahora tenía una clase ocho y media de la mañana y para llegar tenía que salir de mi casa un cuarto para las 7 y ya me parecía un sacrificio sobrehumano para cruzar la ciudad para llegar a las 6:30 tenía que venir a las 5 de mi casa, no hay forma no no, no, no frío que hace en Bogotá y no la clase a las 6:30, me pongo a llorar. 

Lorena: Y mi universidad te está, o sea casi que insertada en un cerro ya entonces tú yo salía cinco y media 5:40 de mi casa y cuando yo salí de mi casa no tenía tanto frío, pero cuando llegaba a la universidad tipo cuarto esa caminata hasta casi que arriba del cerro el salón congelado. Venía con una mantita, me entiendes llevando así encima porque es un frío horroroso, pero te vas acostumbrando, casi era como más capas, ponerte más capas porque luego las 9 sale el sol y ya no tienes que ir sacándote las capas este siempre que veo en Instagram cómo es ser bogotano. Y llevas el short. Llevas el gusto. Llevas un polo de manga corta luego de manga larga. Luego la casa acá el paraguas, siempre me dijeron el día que empezaron para todos lados, porque nunca sabes cuando va a llover, o sea, realmente puede ser así de un momento a otro, pero bueno, a mí me gusta la lluvia. Yo sé, pero es que en algunos lugares es peligroso cuando caen mucho fuerte, de hecho ha sido atraído desastres hace poco a Bogotá de la cantidad de lluvia que ha caído, pero a mí me parece superbonita cuando es una lluvia más pequeña porque a diferencia de Lima yo siento que Bogotá te hace darte cuenta de que no puedes controlar todo porque apenas empieza a llover es como… no puedo parar la lluvia sí, como no puedo ir en contra de la del mundo, no poder encontrar lo que está pasando y creo que eso nada más te hace darse cuenta de listo, no estoy sola en el mundo, o sea, no estoy sola en esta tierra el mundo no gira en torno, a mí no puedo ir más rápido, no puedo correr porque está lloviendo, no puedo hacer, no puedes y sueltas y es como que un recordar constante de que, pues, vives en un mundo y el mundo tiene una forma de ser y tiene un ecosistema y tienes que soltar y tienes que soltar y tienes que soltar el control, entonces eso es lo que a mí sí me gusta mucho de Bogota, como que te recuerda eso avanzand.

Ana: Me gusta mucho lo que hice porque me lleva entonces a la otra pregunta, no que hablábamos de que la pandemia cambió la vida a todo el mundo, o sea, definitivamente nadie ha quedado igual con todo lo que pasó, fueron dos casi tres años supercomplicados para muchas personas más que a otras y nos comentabas antes que, pues, te llevó a aprender a llevar un día a la vez. Porque el mundo gira y sobre todo no sé cómo es Bogotá, pero Lima también es una ciudad que va, pero a mil por hora. Yo vivo en Jerusalén, siendo capital también es más tranquila, entonces yo cuando voy a Lima siento el choque de alto, uno está corriendo pesada y la cultura misma es así. Entonces no podemos hacer para aprender a ponerle pausa y realmente disfrutar de ese día a día.

Lorena: A mí me tomó mucho tiempo y llevó a tu respuesta en un ratito, pero para ver el contexto, a mí me tomó mucho tiempo porque yo sí era de esas personas antes de la pandemia en las que era lunes y vivía pensando en el domingo. Pero lo quise cientos de meses, o sea, era así. No siempre estaba pensando en qué va a pasar en dos años, qué va a pasar en un año, ¿qué va a pasar? Siempre estaba como acelerada, pero no una acelerada bacana, una acelerada enfocada en mis metas. Quiero ir al futuro. No era simplemente comunista ansiedad de querer saber, pero no era una ansiedad enfocada en metas, sino era una ansiedad por la necesidad de saber qué está pasando, simplemente. ¿Qué va a pasar, qué va a pasar? ¿Qué va pasando esto, sabes? Y cuando llega la pandemia, yo creo que a todos nos cayó un balde de agua fría. Yo me quedé varada en México, de hecho, se los inventé con mi familia y con mi novio porque me fui por tres días y me iba por tres días, además, como corriendo, no como que tengo que regresar ya, porque el trabajo, porque él es el otro. Entonces, me voy tres días nada más, porque no me puedo dar el lujo de tomarme más tiempo para estar con mi familia, porque no puedo, simplemente no puedo. En mi cabeza, era como no puedo más y cuando llega la pandemia, fue sí puedes, porque no te queda de otra más que poder, porque estás encerrada en México y te vas a quedar acá hasta que abran fronteras. Entonces, ya ves tú como él lo manejo y en ese camino, me metí a unas clases muy chéveres que se llaman «La Clase Flexible”. Lo recomiendo para cualquier persona que está escuchando; tiene clases virtuales a lo largo del mundo y es un espacio muy seguro donde uno empieza a flexibilizar el cuerpo. Sí, es a través del movimiento. Durante esas clases, me empecé a calmar, me di cuenta de cuántas cosas me importaban antes de la pandemia, que eran tan banales. Cuando digo «la pandemia», me metí a estas clases de flexibilidad que te enseñan a flexibilizar tu cuerpo a través del movimiento, pero también como a reconectar con tu cuerpo y actuar como pausas, porque tu cuerpo solo puede ceder hasta cierto espacio. O sea, yo no puedo de la nada, en una clase, pretender que voy a ser la mujer elástica y lograr mil cosas. No se puede, o sea, es imposible y mi profesora Gaby, es que lo voy a pasar esto para que sepa que estoy hablando de ella, nos enseñó a amar ese proceso, ese proceso en el que no puedes ir en contra de tu cuerpo, porque tu cuerpo es, pues lo más sabio que uno tiene, ¿no? Y a través de ese proceso, empecé a darme cuenta de que hay que valorar mucho más el cuerpo de uno, darle amor, así como que no odios. Luego llegué al yoga y en el yoga siento que fue un cambio entre 60. De hecho, yo antes de la pandemia empecé a hacer Reiki porque también estaba buscando un poco más de calma, de alinear mis chakras, o sea, no, de ver. Porque estaba tan acelerada que estaba como cuando estábamos a la vida, no estaba que me agarraba por aquí, por allá, por ahí un sálveme esa como ansiedad constante de avanzar o de necesidad de avanzar. Y me metí a hacer Reiki y me acuerdo de que yo estaba acelerada, entonces le pregunté a mi reikista y le dije como quedamos para hacer mañana, porque me tocaba terapia al día siguiente, y ella me miró y me dijo sí, es que me levanto, te cuento. Y para mí fue como cambiar el chip, o sea, realmente ahí siento que empecé a entender como esto del día a día, o sea, realmente era como si es que me gana, me levanto. Yo te cuento cómo vamos y pues al día de hoy, ¿qué hago para disfrutar el día a día? Creo que me acuerdo siempre de esa frase de mi reikista de si me despierto mañana, me cuento. Siempre intento no preocuparme. Eso también me lo dijo un ex jefe. No te preocupes, pero no de preocuparse como lo usamos cotidianamente, sino de como del preocuparme, porque te estás ocupando de algo de lo cual todavía no tienes que ocuparte. Déjalo que cuando llegue, lo ves y ahí también estaba hablando con personas de mi trabajo y esto me lo llevo a un lugar en el que hago ejercicio ahora y que lo escuché a la directora de lugares de cada ejercicio y es cuando no sepas qué hacer, nada, nada. O sea, cuando no estés tan volado que digas, no sé cómo descentrar esto, ¿qué hago, qué hago, qué hago? Pero si tienes la cabeza tan nublada, que no sabes qué hacer, no hagas nada, suéltalo. Anda, vamos a empezar, ándate, no sé. O sea, haz algo que te dé esa claridad o vete a tener una película. Ocho a ver el techo o lo que sea, pero no hagas nada, déjalo ir. Y yo creo que eso es un poco lo que intento hacer en el día a día, como no preocuparme, ocuparme de lo que tiene que pasar el futuro, sí, o sea, yo como Gerente de Proyectos, llevo muchos proyectos, tengo que hacer una ruta de trabajo de dos meses, de tres meses, pero digo, cuando llegue el momento de hacerlo, lo hago, ya sé que lo voy a tener que hacer, pero no me ocupo hoy de lo que va a pasar en dos meses. Digo, cuando ya sé que eso va a pasar en dos meses, pero cuando llegue eso, lo hago. Entonces creo que eso me ayuda mucho como de cómo vivo el día a día. Sí, me organizo mucho porque, pues, llevo muchas cosas en mi trabajo y en mi vida y todo, pero intento que ya sé que ese día lo que tengo.

Ana: Creo que es importante vivir el ahora. Volvamos al tema de la investigación. Tu eres investigadora, me gustaría que nos cuentes, que te llevo a investigar y también qué recomendaciones tienes para mujeres que escuchan de pronto el podcast y les interesa la investigación, qué recomendaciones tienes al respecto.

Lorena: Bueno, yo llegué a la investigación desde siempre. Soy antropóloga, así que todos mis cursos y toda mi carrera estuvieron enfocados en la investigación. Cuando salí de la universidad, empecé a enviar mis hojas de vida y terminé en la empresa en la que estoy ahora en Colombia, pero en Perú. Fue una cantera de aprendizaje enorme, muy exigente y desafiante, pero le agradezco todo lo que le debo a esta empresa en Perú porque siento que me crió, me formó, me dejó ser, pero también supuso ponerme límites. Para mí, fue una experiencia maravillosa. Siempre he sentido que la investigación es un medio para obtener respuestas a algo que no sabemos, y eso es lo que me gusta hacer: conseguir respuestas para cosas que no sé, a través de hablar con la gente, de observar, de obtener la verdad de muchas cosas. Entonces, ¿qué les recomendaría a las personas que quieren estar en la investigación? Pues, a veces, no sabemos todas las respuestas, y está bien. A veces, no tener la respuesta es la respuesta también. Creo que son dos cosas importantes. También les recomendaría ser muy meticulosos cuando sea necesario, porque a veces, dentro del paraguas de la investigación, se incluyen muchas cosas que resultan no ser ciertas. Entonces, cuando uno hace investigación, tiene que demostrar que está siendo riguroso, que está tomando buenas decisiones con la información que tiene, que no se está dejando llevar por sus propios sesgos, que son muy importantes cuando se hace investigación. A veces, queremos comprobar nuestras hipótesis y tratamos de ajustar los datos hasta que coincidan con lo que queremos. Pero no es así. Los datos son lo que son, y eso es lo que dicen. A una joven investigadora le diría que se ponga en modo esponja, que absorba la mayor información que pueda, la mayor metodología. Que recuerde para que esta investigación, porque la investigación es un medio, pero no me parece que es un fin. 

Ana: Ahora yo sé que trabajas en políticas públicas. Y yo se que a veces vemos en Perú y Colombia esto y decimos “quien aprobó esto”. Entonces, cuéntame como se evalúan las políticas públicas.

Lorena: En cuanto a la evaluación de políticas públicas, creo que hay dos maneras de hacerlo, desde mi perspectiva. Una parte es súper técnica, como lo que he estudiado en la Maestría, como el análisis costo-beneficio, el mapeo de actores, entre muchas otras técnicas para evaluar el funcionamiento económico y social de una política pública a través de variables de impacto. La otra parte, y creo que es igualmente importante, es evaluar cómo percibe la ciudadanía esa política pública. A veces, los hacedores de políticas diseñamos desde un escritorio y no hacemos una investigación rigurosa, no hablamos con la ciudadanía. En mi opinión, es vital evaluar la política pública desde ambos lados, tanto técnicamente como desde la perspectiva ciudadana.

En mi experiencia, muchas veces nos complicamos demasiado, y la regulación y otros aspectos complicados del aparato estatal terminan afectando al ciudadano. No nos damos cuenta de que esa complicación llega al ciudadano y, si nosotros como hacedores de política no entendemos el trámite, el ciudadano lo entenderá aún menos. En mi tesis de Maestría, trabajé en cómo el Perú ha desarrollado iniciativas basadas en las necesidades del ciudadano, simplificando trámites y diseñando políticas desde la ciudadanía. Creo que esas políticas que pasan por una evaluación multidisciplinaria y horizontal son las que más éxito tienen hoy en día. Sobre cómo se evalúan las políticas públicas, creo que hay muchas formas técnicas de hacerlo, ya sea cualitativa o cuantitativamente, con un análisis de costo-beneficio, mapeo de actores, etc. Pero siempre es importante evaluarlas también desde la perspectiva ciudadana, lo cual se hace a menudo con técnicas cualitativas. A veces olvidamos hacerlo, y creo que es algo que todos, tanto ciudadanos como hacedores de política, deberíamos tener presente para evaluar realmente lo que estamos haciendo. Es un enfoque multidisciplinario y horizontal que creo que ha ganado importancia en la actualidad, con cada vez más carreras involucradas en la evaluación. No son solo economistas, sino una variedad de disciplinas que aportan diferentes perspectivas a la evaluación de políticas públicas.

Ana: Entonces, a todos los asesores políticos, por favor, armen su mesa interdisciplinaria y trabajan, yo sé que cuesta más tener a diferentes especialistas, pero a largo plazo creo que también es un ahorro porque te evitas en publicar políticas públicas que no ayudan en nada, y que le complican la vida a todo el mundo tanto los locales como los extranjeros como los que llevan años tramitando.

La elección de episodio:

Ana: Así que el día de hoy Lorena nos va a contar esos tips prácticos para armar una nueva red de contactos de trabajo, porque muchas migramos, ya grandecitas, ya viéramos con experiencia laboral, con ciertos hasta grados académicos y nos toca muchas veces empezar desde cero no conocemos a nadie más que el vecino que nos vende el pan el fin de semana y no conocemos a nadie más y entonces cómo consigo trabajo porque, pues, el mundo laboral se mueve por contacto, se mueve por hoy me pasaron la voz que hay un espacio acá puesta al lugar, que sé yo no en realidad. Entonces, Lorena nos va a contar tips prácticos para armar tu nueva red de contactos en tu nuevo país. Adelante. 

Lorena: Bueno, cuando llegué a este trabajo, pensé que tenía que empezar a buscar trabajo aquí, ya que no tenía ninguna red de contactos, como mencionaste. Así que retomé mi actividad en LinkedIn y comencé a enviar mensajes a todos. Decía algo así como: «Soy estudiante, soy inmigrante. ¿Podemos tomar un café virtual para discutir y ver qué opinas?». Algunos respondían afirmativamente, otros no respondían en absoluto. En todos los casos, no se tradujo en una oportunidad laboral directa, pero me ayudó a definir qué quería hacer en Colombia, lo cual considero muy importante. A veces, llegamos a un nuevo lugar sin saber exactamente qué queremos hacer ni cómo aplicar nuestras habilidades. Conversar con personas del mismo sector en el nuevo país puede no conseguirnos un trabajo de inmediato, pero nos ayuda a comprender cómo funcionan las cosas en ese entorno laboral. Por lo tanto, me comuniqué con muchas personas a través de LinkedIn y virtualmente durante la Maestría. Cada vez que un profesor invitado tenía un tema interesante para mí, le pedía una reunión, ya sea para tomar un café o por correo electrónico. Así es como comencé a construir mi red. De hecho, fue muy gratificante, ya que durante la Maestría tuve una profesora invitada con la que luego tomé un café y que terminó siendo parte del jurado de mi tesis. A través de ella, me conecté con otras personas y eventualmente conseguí trabajo en Los Andes.

Siento que se abren muchas oportunidades, pero es necesario perder el miedo a decir: «Hola, soy nuevo, ayúdame». Es cierto que tal vez de 10 personas a las que te acerques, solo una responda, pero esa persona está dedicando su tiempo para ayudarte. Entonces, ¿por qué no hacerlo? Creo que eso es lo más importante. Además, es crucial mantener tu perfil de LinkedIn actualizado, ya que nunca sabes cuándo alguien te dirá: «Oye, ¿puedes pasarme tu CV?», en español, inglés o incluso en alemán y francés, dependiendo del país en el que te encuentres. Mantenerse atento a cualquier oportunidad y no desanimarse por la falta de respuestas a los CV que envías es clave. Personalmente, me pasó: envié una cantidad considerable de CV y nadie respondió. Uno empieza a dudar de sí mismo y a cuestionarse si realmente vale la pena estar en ese lugar. Pero la realidad es que a veces una hoja de vida no dice mucho, y como extranjero, hay empresas que simplemente no trabajan con extranjeros por diversos motivos. Eso nunca debería hacer que dudes de tu valía, ya que tu valor no debería depender de eso. Por lo tanto, creo que es fundamental mantenerse perseverante hasta que algo funcione, y cuando lo haga, evaluar si vale la pena lanzarse a esa oportunidad. Si no es así, seguir buscando.

Ana: Tal cual. Lorena pudo estar hablando de mí con esto último porque se lo conté antes de grabar Granadilla podcast nace justamente de mi frustración de tantas veces que yo enviaba y había respuesta de no “hablas hebreo o no conoces la cultura local” o cosas así, yo como que ah los odio a todos, pero las cosas, o sea hay que insistir, hay que insistir y el tema del LinkedIn hay gente que no le gusta. Si la sabes usar bien, si sabes con quién conectar, conectarme sería las personas correctas, es una red muy nutritiva, así que todas, por favor, se van a LinkedIn y crean su cuenta, como Ana Lucía Gutiérrez González me encuentran en Linkedin este para networking internacional. Lorena, muchísimas, muchísimas gracias por estar con nosotros el día de hoy en Granadilla podcast y que las sigas rompiendo en Colombia.

Lorena: Muchas gracias por invitarme. Muchísimas gracias por este espacio. 

Ahora cuéntanos qué tips tienes para hacer una red de contactos en tu nuevo país. Gracias por escucharnos.