Episodio 119

Brenda Chávez

Francia

Ubicación

Ana: Nació un 8 de febrero de 1962. Al terminar el colegio estudió 3 años en Cenfotur, postergo su sueño de ser guía del turismo al casarse y mudarse a Francia en 1987. En el 91 regresa, Perú con sus dos hijos y sus perrito. Tres años después a su esposo le ofrecen un trabajo en África y nuevamente migran como familia. Aquí trabajo como profesora de español. En 1999 regreso a Francia a la pequeña ciudad de Santa Fé donde trabajan una empresa que da servicios a personas de la tercera edad. Tres años después se mudan a Puerto Rico y el estar su esposo en calidad de semi diplomático ella no puede trabajar. Para el 2006 se regresa al Perú y comienza su proceso de separación. En Perú realizó distintos trabajos desde diseñadora para una costurera, hasta administradora de bungalos en una playa de Tumbes, pero decidió volver a Francia y recuperar su ciudadanía. Actualmente trabaja en un hotel en Pau, así también está por convalidar su título de asistente veterinaria para trabajar en lo que siempre le apasionó los animales. Hoy hablamos con Brenda Chávez

Ana: Hola, Brenda, bienvenida a Granadilla Podcast. ¿Cómo estás? 

Brenda: Feliz de estar aquí en el podcast de Granadilla. Me alegra mucho que me hayas contactado. Ahí contenta, muy contenta, y pues para contar todas mis experiencias. Un poco largo, pero voy a tratar de resumirlo.

Ana: Lo que no saben Brenda me mandó su historia. Me mandó como 25 páginas de Word más o menos con tantas historias y es que con justa razón porque Brenda lleva, pues, casi ya más o menos, como 30 años de migrante, y ha estado pasando por varios lugares y justo será mi primer mi primera pregunta que es un poquito filosófica de pronto, pero es que has migrado varias veces ha salido al Perú ha regresado al Perú has vuelto a salir. Has vuelto a regresar, saliste, te fuiste para allá, te fuiste para el otro lado, luego regresaste. Y muchas veces este proceso de migración también tiene, o sea, definitivamente tiene un efecto en nosotras como personas, como mujeres, como seres humanos. Me gustaría que nos cuentes cómo ha sido ese proceso de volver a empezar y otra vez volver a empezar y en ese proceso de empezar y empezar también cambiar de culturas, cada vez que empezamos de cero. Cuéntanos un poquito. 

Brenda: Bueno, mi mis cambios en otros países comenzaron a los 25 años. Yo me fui de Perú la primera vez a los 25 años, toda ilusionada, porque yo ya había hecho una vida prácticamente allá tenía ya un trabajo. Trabajaba, por fin, después de tanto estudiar y pues tratar de lograr, tú sabes que en Perú a veces es muy difícil y sobre todo en la época que la época mía fue que fue en 1984 que termine de estudiar. Habíamos pasado momentos de dictaduras y en el tiempo de Velasco y todo. Entonces, cómo te puedo explicar, yo he pasado mucho tiempo en enfrascada en una política del Perú donde siempre estábamos con miedos. Entonces, yo he vivido en una familia donde mis padres nos criaron a mi hermana y a mí, porque bueno, yo tengo una hermana, la familia reducida, mi madre era hija única y siempre nos ha criado en una especie de nidito, donde no podíamos salir ni siquiera a la calle, entonces cuando yo salía a trabajar cuando yo quise estudiar, bueno, mis padres me ayudaron nos criaron prácticamente para casarnos, pero me impuse un poco, me impuse, me impuse a mis padres, me escogí el turismo porque me encantaba viajar y bueno al final, como yo era un poquito la oveja negra de mi mamá y de mi papá logré salir, porque no nos dejaba. Fíjate que teníamos una edad donde ya podíamos desempeñarnos, pero ellos siempre con miedo a que afuera nos hicieran daño, éramos dos mujeres, y siempre nos han tratado, pensaban de repente que esto era bueno para nosotros, pero en realidad nos estaban haciendo daño en el sentido de que no podíamos afrontar el exterior, no sabíamos qué había en el exterior, así que lo que siempre a mí me trabajó mucho, es eso. Entre lo que te decían los padres y esa esas ganas de imponer y decir bueno que hay afuera, yo quiero retar. Soy mujer, tengo que quedarme en la casa. Tengo que algún día casarme.

Y esa fue mi vida, esa fue la vida que tuve la que tampoco, no quiero decir que fue un error, pero quizás fue la vida que tuve que vivir para poder después imponerme a querer y era la única, creo de la de mero. Bueno, mi hermana es más tranquila, pero yo estaba entre lo que me decían mis padres y lo que yo quería y siempre estaba soñando desde que yo tenía que viajar salir. Bueno, conocí en ese tiempo al que fue mi esposo, al padre de mis hijos tuvo un todo un proceso, cinco años, porque de todas maneras el miedo que me habían creado. Esas son las creencias que a uno le imponen y que son algo tóxicas, porque al final eso es lo que te bloquea a seguir avanzando en lo que realmente quieres. Así que fue una lucha mental, interior, al final después cinco años me animé y pues en el 87 salí a los 25 años, pero yo era como una niña. No tenía en realidad 25. Los chicos de 25 años, ahora, no son como los de mi generación, tener 25 años era como tener, pues 15, porque encima no había WhatsApp, no había Internet, no sabíamos que nos esperaba cuando llegábamos al país donde tenían Bueno, nos formamos. Nos informábamos un poco con libros, teníamos que ir a la biblioteca todavía ese trayecto y a veces decíamos, ay que flojera, está muy lejos, porque no teníamos nada a la mano.

Y cuando llegué acá realmente todo me parece maravilloso, era impresionante, era otro mundo con decirte, y esto seguro que muchos se van a identificar, mi generación cuando yo llegué, hay dos cosas que automáticamente hacía, bueno, después de haberme casado, que iba, por ejemplo, el ir al supermercado y esto ahora yo me río, pero en ese tiempo ya yo tenía vergüenza. De repente mi ex esposo, me mira y me comienza, mira y yo estaba en el supermercado con el carrito cinco kilos de arroz, cinco de no es que hoy leche, uy, bastante y éramos dos. Él me ve con el carro porque uno de víveres de sí mismo, pero ¿por qué compras tanto? Pues hay hay que como que acá no hay escasez, no es que tenemos que hacer. Y él me dice, pero no, acá no hay nada de eso, ¿para qué vas a llevar punto acá? Vamos al supermercado y acá hay de todo, nunca hay escasez, de nada y yo decía, no, pues eso no puede ser de toda mi vida. He vivido haciendo cola con la pared, cola para la harina. El arroz era increíble, íbamos toda la familia en ese tiempo que existía, ya no existe ese supermercado, pero íbamos todos ¿por qué? Porque teníamos que hacer todos. Hacíamos la cola en diferentes y después nos intercambiamos para tener en vez de tener un kilo por persona, y eso lo que, yo decía, esto es increíble, son las impresiones de mis 25 años que en esta generación, pues, no.Por eso digo qué suerte tienen ustedes y en el jefe y, por ejemplo, otra cosa, pero esto ya no era una cosa, sino de territorio, del Perú que automáticamente yo hacía, yo tengo terror a los terremotos, siempre ando me preparaba mis atuendos por si acaso en la noche, porque yo he pasado dos terremotos terribles, el de Huaraz y otro anterior y el último del 2007 también lo he pasado. Entonces yo siempre ponía mi batita todo antes de dormir y entonces él me miraba y me decía y un día dijo, “y ¿por qué siempre estás poniendo?”, digo, no, por si acaso un terremoto no voy a salir así y entonces me dice, pero no hay acá, no existen los terremotos, ni siquiera un temblor y yo decía pero

Pero qué suerte, qué país es maravilloso, claro, era para mí ya vives con mis ojos, así sea no existen los terremotos, no lo puedo creer y yo que tenía tanto pánico y yo decía, pero es y desde ahí tranquilísima, pero todo ese tipo de todo ese tipo de cosas pequeñas que ahora, pues, son ridículas, no de contar, pero este fueron impresionantes. Te hablo de ese tiempo. En la cuestión integral que tú me habías dicho este proceso. Esto es un proceso primero de observación, claro, a raíz de todos los países en los que cuáles yo he entrado se ha leído, porque no solamente en diferentes países, sino también Francia en diferentes años y en cada cierta época hay un cambio. Claro, hay cosas que, por ejemplo, yo he regresado acá a Francia después de 20 años. Entonces ya hay completamente todo ha cambiado hasta mi permiso de conducir cuando lo enseño se ríen, porque ahora hay un permiso que es así chiquitito que tiene chip y el mío tiene todavía papel rosado.

Ana: Como la libreta electoral en Perú, pues, la libreta como la libreta electoral en Perú me acuerdo de mi mamá, te tenía azul. 

Brenda: Ahora sé que se puede cambiar. Tengo hasta el 2033, ojo si es que alguien por ahí tiene el mismo breve de este europeo, se puede cambiar, se puede canjear, no hay apuro, es válido hasta el 2033, pero bueno, cosas así no hay. A lo largo de todo esto y yo creo que todo es un proceso que uno tiene primero que tenerlo en la mente, que uno cuando entra un país primero tiene que observar, estar en un que primero va a haber un choque, a veces yo una sacudida antes. Hay que leer, hay que informarse a qué país está yendo su política, su religión, sus costumbres para que no tengas ese shock, porque si no, si no te informas, si no te interesa, llegas ahí vas a tener el shock un poquito más fuerte, entonces llegas y observas lo primero que hay que hacer solo observar a las personas observar los compartan el comportamiento observar todo y luego que a uno, más o menos como que ya sabe a dónde está comienza la integración comienzas a interesarte a integrar y a escoger porque todos no te va a gustar, pero tampoco vas a decir “Ay, no me gusta y lo rechazo”. No dar la espalda, simplemente decir bueno, esto quiero esto no, pero lo respeto siempre con respeto y siempre respetar a las a la cultura de otros países, porque de ahí viene la integración también.

¿Qué más puedo decirte que he aprendido de todo esto? También a desprenderme de lo material porque, con tanta mudanza, no te puedes llevar todo. A veces te compras un carro bonito al que le tienes cariño y dices desarmarlo, por decir algo, ¿no? Y así me han pasado varias cosas. Pero claro, cosas que son materiales, los seres vivientes como mi perrito, por ejemplo, eso no. Eso fue una de las cosas que más adelante te puedo contar sobre lo que implica. Ahí tuve muchas más anécdotas porque fue el país con mucha mayor diferencia cultural, que por ejemplo cuando vivía en Puerto Rico. Puerto Rico es muy americano, tiene mucho de Estados Unidos, claro, pero bueno, son experiencias que a la larga, al comienzo, se hacen algo duras. Pero conforme vas haciendo, periódicamente como en mi caso, ya es como que tu mente y todo ya están advertidos. Ya sabes a dónde vas. Ya sabes el proceso. Entonces es como que ya se te hace mucho más fácil.

Ana: Totalmente, como una práctica. La práctica hace al maestro, dice, no. Entonces, aquí Brenda, con todas las veces que se ha mudado y ella magister inmigraciones, totalmente, y justamente al lado, me gustó lo que decías que el inicio que todo es nuevo, a una ciudad nueva. Hablaba que al inicio viene la integración, y una de las formas de integrarnos a un nuevo país es por el idioma. Yo nunca había escuchado del método ASSIMIL. Así que cuéntanos, por favor, en que consiste ese método.   

Brenda: Ese metodo tiene su historia. A raiz que yo me casé fui al país sin saber nada. Fui y me imaginaba meterme a alguna academia, para que me enseñen el francés mucho más rápido. Pero cuando yo me case fue en una gran ciudad y no dure mucho, yo pense que me iba a quedar. Pero el padre de mis hijos me dice que tenemos que irnos. Ya lo iban a mudar a otro departamento. Fuimos al sitio donde enseñaban a los extranjeros, y no había ni uno. No podían hacer las clases con uno. Esperaré el próximo dije. Cuando en eso de repente lo cambian. Entonces el padre de mis hijos me dijo, vamos a Toulouse, y ahí nos aconsejaron un método que es el francés sin esfuerzo. Y en esa época había los cassette. Entonces, me meti todo ese año el francés. Prendía la televisión, radio, para trabajar el odio, porque es muy importante, y la garganta para pronunciar bien. Poquito a poco empecé. Cuando salí a comprar pan, practique en mi casa como pedir un baguette, y yo voy y entro. Había diferentes panes, y le digo “madame una baguette”. Y la señora no me entendía. Ese fue mi fracaso y me dije que tenía que aprender más. Lo que pasa es que la gente acá no te ayuda. Y me traumé. Yo dije no salgo más. Bueno, de ahí trataba de salir menos. Y luego me tenía que regresar a Perú para casarme por civil, y me tenía que regresar sola, y yo ya tenía como 6 meses de practicar con el ASSIMIL en la casa, pero el miedo cuando salía se me trababa. Y yo decía que tenía que vencer ese miedo y la verguenza. Y cuando me regresé fui con una pareja, ella era tailandesa, y los veía viendo el mapa. Los quise ayudar y les dije con mi francés todo machucado “yo soy peruana”, y los puedo ayudar con el mapa. Entonces, empecé a conversar con ellos en francés y me decían, pero qué bella. Ni el papá de mis hijos me decia así. Entonces fue así como empecé a hablar, y a quitarme ese miedo. Con ellos empecé a hablar y los invité a mi casa. Y fue increíble, ellos a cada rato me decían, «pero tú hablas muy bien el acento, no importa», abriéndome, decía ella. El acento no importa porque siempre uno va a tener su acento y es verdad. Pero el método así mismo es muy fácil. Tiene una hoja cuando lo abres, tiene una hoja, donde todos los ejercicios y todas las conversaciones, sobre todo son conversaciones del día a día, de lo que te puede pasar en un aeropuerto, como en la calle, si estás perdida y necesitas ayuda, si vas a una tienda, siempre es algo de tu cotidiano y tienes una hoja donde está escrito en francés y en la otra hoja tienes la transcripción fonética, que eso también te ayuda bastante. Además del audio. Ahora sé que los venden. Lo venden. Pero ya hay una aplicación de la cual tú puedes entrar, claro, con el pago del libro, pues es todo un paquete, como también puedes tener un USB a esto y de audio de las lecciones, del audio del libro, y los libros van desde básico, intermedio y avanzado y también hay para las personas que van a trabajar en alguna empresa y necesitan hablar, pero ya en una parte un francés de negocios, claro, para mí me resultó excelente. Me pasé como dos años tratando de estudiar inglés en Perú en una academia y me casé, me casé para irme a Francia, que no me sirvió para nada el inglés y el inglés en la academia, ni siquiera lo podía mantener en una buena conversación porque, bueno, la chiquillada a veces en la academia era para hacer vida social, sobre todo yo que no salía mucho de mi casa. Entonces mira, la academia era un poco salir de mi jaula. Entonces, vengo acá y pues este método hizo lo que no hizo dos años en Lima estudiando inglés, ¿no? Y claro estar en el país también ayuda bastante porque, claro, la misma gente te empuja a hablar, ¿no? Porque no puedes, no te queda otra.

Ana: Claro, definitivamente no sé muy cierto y mencionadas hace un ratito en el tema del acento, hay una frase que siempre la veo en Twitter o en Linkedin que dicen que el acento es justamente signo de valentía, ¿no? Porque alguien que se atrevió a hablar en otro idioma que se atrevió a enfrentarse y es totalmente cierto, también es cierto que y lo experimentado yo que los franceses no les gusta cuando no hablas bien francés, ¿no? Y a mi última experiencia y yo. En Francia, he pasado por los aeropuertos de Francia que quería un baguette, pues con queso y no me acordaba cómo se decía queso en francés entonces yo «cheese» y con él no era yo estaba hablando de la pared y al final compré un baguette, creo que con lechuga nada más porque no, el pata con él no era tú no sabes cómo se dice chesse, no nunca en su vida trabajando en un aeropuerto nunca en su vida, había escuchado la palabra «cheese» pero como que ya no importa, dame lo que encuentres no, ya para qué entonces así son los franceses, pero sí como dice aquí Brenda hay que animarnos a hablar ese idioma que estamos aprendiendo porque equivocándonos también aprendemos no y creo que es lo importante en definitiva. Y bueno para ir cerrando esta parte antes de entrar a la elección del episodio. Me gustaría que nos cuentes así como que, en versión resumen, porque si no te va a volver una clase de historia, cómo fue vivir la revolución civil en África.

Brenda: Fue emocionante, ahora que me has hecho acordar de todos estos años, porque fueron tres años, ¿eh? Yo estaba, estábamos en Lima, y cuando obtuvo este trabajo el padre de mis hijos, me acuerdo que antes de postular eso sí, me dijo a dónde quería ir, porque él iba a postular en distintos países y me preguntó a qué continente me gustaría, Asia o África. Entonces, bueno, no creí que lo iba a ganar. Le dije entre África o Asia, ver, yo creo que más me atrae África porque debo tener sangre negra, me encanta todavía le digo así de forma chistosa. No, yo debo tener sangre negra porque me encanta la música negra peruana, soy hincha de todo esto que tiene la música negra, pero es excelente, es una fusión con la música. No, y le salió, le salió y puso África, y cuando me dice «he ganado el puesto para ir a África», casi me muero porque yo estaba muy bien en el Perú, ya habíamos hecho una casita. Yo ya quería instalarme y quedarme ahí, era mi sueño, mis papás estaban envejeciendo. Entonces, y yo estaba embarazada. Estaba embarazada de… No, ya había tenido a Milena. Había tenido a Milena sí, porque Milena le llevaba de bebé, me embaracé más bien de Milena cuando estábamos en Perú, y bueno, ya ella estaba bebita, año y medio creo que le hemos llevado. Mi miedo era irme a los libros, porque había países de África movidos. Él me dice que he investigado que es un país muy pacífico. Cuando él me dice, «yo voy a ir primero, tú te quedas con los niños, vas viendo todo lo que hago», o sea, los muebles, ahí comienza a vender todo, ya vacía a vaciar todo otra vez, desprendimiento material y yo allá voy a conseguir una casa y tú, y después van ustedes, le dije, ok. Me acuerdo que cuando llegué al aeropuerto de África, de Centroáfrica, fue increíble porque llegué de noche y de repente bajo con los niños, mi perro que me regresen, que me regresen. Yo tenía miedo porque ni siquiera veía mal, no, no lo veía en ninguna parte y a él no lo habían dejado subir. Él estaba afuera entonces, o sea, después de la aduana, no en la parte, bueno, pasamos, pasamos todo y bueno, ya él no nos recibió, pero de verdad que fue. Interesante, a mí me chocó, tuvimos, él también fue como expatriado, tuvimos, pudimos llevarnos a la nana que cuidaba a mi hijita, entonces, yo la llevé con nosotros. Y estuvimos en una casa, una casa gigante, demasiado para mí, para mi temperamento. Él se excedió, tenía seis habitaciones y o sea, había habitaciones que estaban completamente vacías porque no, no éramos muchos, la casa era enorme, pero como todo era barato, entonces, pero bueno, en fin, sucedieron un montón de cosas, no me gustó mucho la casa, sentía, sentí, yo soy muy sintiente en ese sentido, o sea, había algo en la casa que no me gustaba, mis hijos lloraban mucho, no sabía, pasaron un montón de cosas, sobre todo a mí no estaba muy buena esa casa y como, como, como, como me gustaba hablar con los empleados porque teníamos cinco empleados en la casa. Un guardián de noche, un guardián de día, un cocinero, una persona que le impedía la casa en la mañana, entonces yo no hacía nada y me aburría, entonces me ponía a conversar con ella y como yo estaba cada sentía cosas, veía cosas, y ese caserón era enorme y había unos cuartos al fondo que estaban cerrados que cuando yo los abrí, sentí en una cosa más inmediata, horrible y uno de ellos que sabía la historia decía que esa casona era de un francés que tenía esclavos ahí, esclavos, y que los esclavos dormían en esos cuartos que eran cuartos chiquitos, todos feos oscuros, que eran como cuatro que estaban saliendo al jardín al fondo y eso es lo que me impresionó, que yo sentía esa energía de, no sé, de esta historia porque era una casa con historia. Y bueno, salimos de ahí, nos fuimos a una casa más pequeñita, no, pero antes, entre ese trayecto, esos seis meses. Me encuentro con una española en el club, porque teníamos, vamos a un club, el club de los extranjeros, porque todo era dividido, eso tampoco no me gustaba, a mí me gustaba integrarme y no, no me dejaban porque los franceses eran muy cerrados y decían, no, este país es un poquito peligroso, hay que seguir, hay que seguirles. Bueno, yo seguía, me encuentro con una española que me dice que era profesora, no, no profesora, sino que daba conversación en español, que ayudaba a auxiliar de español en el Liceo, y nos pusimos a conversar y ella me dice, pero lo voy a, ya me tengo que ir, yo tengo que ir a España y el puesto va a quedar libre y como sé que tú, nosotros hablábamos en el club y me dice “si tú quieres, yo te, yo te puedo recomendar para que, para que entres ahí”, le digo, “por supuesto”. Mi primer trabajo después de tantos años de ser mamá, ella, mis hijos, ella, mi hija iba a entrar en maternel, la última, y ahí ya iba a cumplir los dos años y la íbamos a meter ahí en el nido, entonces yo le dije, yo quiero, y bueno, me recomendó y entré, estábamos, estaba empezando y ya tenía mis, tenía desde, te voy a hablar como en Perú, de primero de secundaria hasta el bachillerato, o sea, de niños de 11 años hasta 18 años. Ya era una hora de conversación solo en español, no podía hablar francés, ellos tenían que hablar español obligado, entonces yo que hacía, pues, comentábamos un libro o veíamos una película en español y tenían que ellos decirme qué habían entendido de esa película o yo me las ingeniaba para hacerles algo, no, hacíamos juegos o esta canción, yo toco guitarra entonces le llevaba. Era como la novicia rebelde, le hacía una canción no muy difícil y les preguntaba que habían entendido, y ya cuando no entendian les daba la hojita. Y nos ponemos a cantar poco a poco. Eso duro 6 meses, de ahí explotó la guerra, porque querían sacar al presidente. Ese fue el primer intento porque de ahí hubo muchos más. Teníamos la suerte que teníamos al ejército francés que nos resguardaba. Comenzaron a saquear. Se mataban entre ellos. Tuvimos toque de queda. Y la embajada de Francia nos expatrio, porque queria la seguridad de todos nosotros. En este trayecto del toque de queda y hasta que venga el avión de allá de Francia, yo escribí, porque ya teníamos computadoras, esas enormes. Escribí una nota a Caretas porque se puso bien feo. Comenzaron a venir bombas que tu escuchabas que hacían “bum” y estar con una cara tranquila para que los niños no se asusten. Entonces yo escribí a Caretas un artículo. Era la única peruana mujer, porque no había nadie más, luego había un peruano cura con el cual hice mucha amistad, pero la única peruana era yo. Entonces le conté que estaba viviendo muy fuerte y estaba en peligro. Y nunca pensé que lo iban a sacar, ahí lo tengo. Lo chistoso es que no me di cuenta que había salido. Ella me dijo que había salido en Caretas “La peruana enrazada en África”. La cosa es que llegaron los militares franceses en una tanqueta protectora. Niños y mujeres en maleta sin nada de nada. Yo en polito y en maya y le digo ni siquiera abrir nada así, nada. O sea, que agarré mi carterita, agarré mi hipo, tenía un perro, un bicho como un bichón maltés. Ah, chiquito, chiquito, que lo tenía de años y este, y lo cuidaba un montón, y mi Murphy. Murphy, encima le puse Murphy porque me gustaba el actor Eddie Murphy, sí, y él era blanco. Contraste. Y me dice el militar, uno de ellos, y me dice, no, déjelo. Yo dije, no, no lo voy a dejar claro, y me dicen, no, ni perros ni gatos, prohibido, ustedes, ustedes nomás. Y eran unos enormes, grandazos hombres, los militares, que creo que eran seleccionados justo para este tipo de misión imposible. Entonces, Mar me dice déjalo, yo le digo, no, entonces le dije misma película, vete con los niños. Yo le dije al militar, yo me quedo si mi perro no va, no. Y tú salva a los niños, así me puse fuerte, no sé de dónde me salió, pero le dije no, no me voy, váyanse. Ahí ya era, ya tenía nacionalidad francesa, quizás si hubiera sido peruana me hubieran dejado. Pero ya tenía mi nacionalidad, entonces el hombre, entre ellos, hablan decía, no, ella no se quiere, no, pero no la podemos dejar. Agarró el walk talking, que esta cosa y comenzaron a hablar con su jefe, la señora no quiere irse y no se va con su perro. Entonces yo le dije no, de verdad me iba a quedar, ¿eh? Y yo le dije a Mar, salva a los niños, vete los niños primero, pero yo me quedo con mi perro porque si no se lo van a comer. Entonces entre ellos hablaron, parece que el jefe le dijo ya, que lleve el perro y después vino el Señor y me dijo ya puede llevarse el perro. Así que ya agarré, agarré un poco de comida para perrito y me fui con el perro y me quedé con él. Y dentro habían otros franceses y había una señora que me miró y me dijo cómo ha hecho, señora, ¿por qué le digo? Porque yo he tenido que dejar a mi perro y a mi gato en mi casa, no me deja. Dije no yo. Yo le dije que no, si no era con mi perro, yo no salía de la casa. Ah, yo he tenido que dejar mi casa y mi perro y yo le digo cómo lo va a dejar ahí solito. Nosotros no sabemos cuándo vamos a regresar y de repente ni regresamos porque dejamos abandonado todo, ¿eh? Muebles carros, teníamos dos carros. Teníamos este todo. Lo dejamos todo y echarle tierra pasaron tres meses. Se calmó. Patasé ganó y regresamos.

Lección del episodio:

Ana: Entonces en esta lección Brenda nos va a contar para aquellas que de pronto ya tienen la nacionalidad francesa y se fueron del país por A o B motivos, ¿no? Y después tuvieron su llamado a la conciencia y dijeron, no voy a regresar a Francia a reclamar mi ciudadanía, mi nacionalidad, cuál es el proceso. Adelante, Brenda, por favor.

Brenda: El proceso primero es quedarse tres meses sin salir de Francia. Ese es uno de los requisitos que me dijeron a mí y que me llevé la sorpresa, porque pensé que iba a ser muy rápido. Yo ya tenía nacionalidad, contaba con una carta de identidad francesa y también mi pasaporte, que lo había tramitado en Lima. Pensé, bueno, voy a llegar acá. Yo tenía un número de seguridad social. Dije, bueno, voy a tramitar acá muy fácil, muy rápido, porque soy francesa, pero cuando llegué acá me dijeron, no, usted ha estado mucho tiempo fuera y tenemos que actualizar todo, así que, pero el requisito principal era quedarse tres meses en Francia antes de empezar cualquier trámite. Pero la espera fue larga, me puse a trabajar como benévola. Aquí fue muy importante porque con 20 años sin hablar francés también era muy importante refrescar la memoria y eso me ayudó bastante. Hay mucho papeleo. Después de tres meses comencé a tramitar y comenzaron a entregarme todo lo que necesitaba para poder trabajar, o sea, la carta vital. El Seguro Social fue lo que más me demoró. Hubo una de las cosas que me pidieron, que era la declaración de impuestos para ver si yo había trabajado aquí antes, porque de todas maneras tú puedes decir, no, no trabajo algo como dando tu palabra, pero ellos quieren ver realmente si es así. Entonces, también tienes que ir a sacar este documento, ¿no? Y el primer requisito es saber hablar francés. Si no puedes hablar, entonces vas a tener bastantes obstáculos para poder trabajar, porque es necesario el idioma, es muy importante así que, teniendo los papeles, si no tienes el idioma, no te aceptan. Tienes que tener un dominio del idioma por más papeles que tengas.

Ana: Totalmente de acuerdo. Así que los que me están escuchando y están pensando en inmigrar en Francia o están ahí coqueteando con ir a Europa y están coqueteando con la idea de Francia, agarrar sus y ahora tenemos el Duolingo, Asimil y tantas nuevas técnicas y plataformas para aprender. Brenda, muchísimas gracias por estar con nosotros el día de hoy aquí en Granadilla podcast y que la sigas rompiendo en Francia. 

Se nos va el año y no he escuchado mucho de ti. Mándame un mensaje a hola@granadilla podcast.com. Me gustaría saber desde donde me escuchas. Abrazo migrante.